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lunes, 24 de septiembre de 2012

Rabietas infantiles, ¿qué son y por qué se producen?



Causas y desencadenantes de las rabietas infantiles

Las rabietas infantiles son un estado de impaciencia y enfado propio de los niños pequeños. Generalmente, las rabietas ssuelen originarse por un leve motivo y, en este caso, duran poco. Respecto a la edad, los berrinches pueden suceder a cualquier edad, pero son más frecuentes entre los 18 meses y los 3 años, aunque las rabietas infantiles pueden durar hasta los 5 o 6 años y desaparecer gradualmente después.

¿Qué puede desencadenar una rabieta en los niños?


Las rabietas infantiles pueden estar causadas por frustración, enfado, confusión y temor. Inevitablemente todos los niños entre los 18 meses hasta después de los 3 años, se rebelan contra la autoridad de los padres y reclaman su individualidad, mientras intentan explorar y aprender donde están los limites.

Niños de 1 a 3 años con rabietas:
- No toleran bien ninguna forma de control
- Luchan por su independencia, son más exigentes y se muestran más desafiantes
- Se debaten entre independencia y dependencia
- Quieren control y tratarán de controlar a sus padres
- Generalmente, sufren rabietas

Causas de las rabietas infantiles

Existen muchas causas que pueden desatar una rabieta, algunas de las cuales son llamar la atención, desear lo que no es suyo, tratar de mostrar lo independientes que son o sentirse cansados y frustrados.

- Llamar la atención. La primera rabieta de un niño empieza solo por llamar la atención, y rara vez para manipular a los padres, pero si la recompensa a una rabieta es recibir mucha atención gratificante puede ser una razón importante para pronto tener otra rabieta.

- Querer algo que no tiene. Deben aprender a esperar y a aceptar lo que les decimos. SI les decimos que no le vamos a dar un caramelo o que un amigo no le deje su juguete, tendrá que aceptar que no puede tener todo lo que desea.

- Intentar probar su independencia. Cuando intentan hacer algo y no les sale, nosotros intentamos ayudarle, pero no quiere, se frustra por qué no puede hacerlo solo.

- Frustración interna. La sensación de impaciencia creciente junto con su limitada habilidad para tener éxito con las cosas que intenta, o no ser capaz de expresar totalmente lo que quiere debido a una falta de habilidades lingüísticas, pueden desencadenar una rabieta. 

- Celos. Van dirigidos  a un hermano o hermana, cuando su deseo de conseguir algo no se cumple.

María Algueró
Experta en Atención Temprana
Maestra de educación Infantil (especialista 0-3)
Educadora de Masaje Infantil.
 Psicomotricista
Instructora Independiente
 Cincodeditos 
Instructora de porteo. Auxiliar de Pediatría

miércoles, 28 de marzo de 2012

Afrontar los celos ante la llegada de un hermano



Anunciar la llegada del bebé como un regalo, fomentar la autonomía del niño y responder a sus preguntas son pasos muy útiles para desactivar su ansiedad
Cuando ya se tiene un hijo, la primera preocupación ante un nuevo embarazo es la cuestión de los celos. Efectivamente, para los niños no siempre es fácil compartir a sus padres con "el recién llegado" ni adaptarse a los cambios que se van a producir; pero hay que hacerles ver la experiencia tan positiva que supone tener un hermano con quien podrá compartir en el futuro muchas vivencias, complicidades y afecto; una experiencia única que no podría vivir si el bebé no llegara.

Síntomas de los celos

A veces, el mero anuncio de que la familia va a crecer puede provocar ya cambios en el comportamiento del hermano, que quizás se muestre más nervioso, desobediente, malhumorado, agresivo o negativo, especialmente a la hora de comer y dormir. Tampoco es raro que su ansiedad se manifieste por la reaparición de conductas ya superadas, como volver a hacerse pipí en la cama, a chuparse el dedo o a pretender centrar toda la atención de la madre.
El problema de los celos es mayor cuanto más pequeño sea el hermano o cuanto más sobreprotegido esté, de modo que a partir de los cuatro o cinco años la adaptación no es tan difícil, pues a esa edad ya tienen normalmente cierta autonomía y son más independientes. Su capacidad para conseguir las cosas por sí mismos les permite tolerar mejor que otra persona ocupe el tiempo de sus padres. Si, por el contrario, les necesitan para todo, será más difícil compartirlos con nadie. Cuando un crío es capaz de jugar y entretenerse solo o con sus compañeros, sin reclamar constantemente que la madre esté con él y no se le da siempre todo hecho, sino que poco a poco se le ha enseñado a ir superando las dificultades por su cuenta, tiene mucha más seguridad en sí mismo y es fácil que acepte bien la llegada de un hermanito.

El problema de los celos es mayor cuanto más pequeño sea el hermano o cuanto más sobreprotegido esté

La sobreprotección genera dependencia, inseguridad y, por tanto, celos, pero en el otro extremo, un niño infeliz, maltratado física o psicológicamente (y pretender educarles por medio de amenazas es una forma de maltrato), también será muy celoso, ya que difícilmente soportará la más mínima pérdida, dado lo precario de su situación.

Con estas excepciones (niño inseguro-sobreprotegido y niño infeliz-maltratado), no hay motivo para temer unos celos desmedidos. Unos padres alarmados por una visión catastrofista y que se pasan todo el embarazo "mentalizando" al hijo para que acepte la novedad, insistiendo una y otra vez en que "no va a pasar nada" y que a él "le van a seguir queriendo igual", acaban por hacerle creer lo contrario, pues demasiada advertencia y preparación no suelen anunciar nada bueno.

La llegada de un hermano debe anunciarse como un regalo, pues de eso se trata, y es obvio que son los padres quienes deben informarle de la buena nueva, con alegría y naturalidad, y sin más preparación que la que se toma para sorprenderle con la compra de un juguete. 
Pueden hacerlo cuando y como quieran, pero lo natural es no demorarlo hasta el punto de que sea el propio niño quien descubra el estado de la madre, y tampoco es preciso insistirle repetidamente en lo mucho que se le va a seguir queriendo.
Lo natural es no demorar el anuncio hasta que el niño lo descubra por su cuenta

En general, no hay que dar a los hijos más explicaciones de las que pidan, pero tampoco menos, y esto es también aplicable al asunto de los celos. Si el niño parece interesado en saber cosas acerca de los recién nacidos, se le pueden enseñar sus propias fotos de los primeros meses o visitar el bebé de algún familiar o amigo. También es posible que quiera acompañar a la madre al médico para oír el latido de su hermano y verle en el ecógrafo. Hay que satisfacer su curiosidad, pero una cosa es responder a sus inquietudes y otra aleccionar e instruir prolijamente a quien no lo pide. Se trata sólo de calmar su ansiedad y lo que más le tranquilizará es saber que sus mayores parecen tener respuesta para lo que a él le preocupa. 

Sí que convendrá advertirle de los cambios que le vayan a afectar de forma concreta, de que tampoco espere maravillas de un hermano que al principio se va a pasar el día durmiendo y de que es probable que algún día tenga malos sentimientos hacia el "intruso". Hacerle saber que tener unos celillos es normal le relajará, evitando contraproducentes sentimientos de culpa. Bromear un poco acerca de los inconvenientes - y hacerle comprender las ventajas - de tener un hermano y de ser el mayor, pedir su colaboración y comprender sus naturales temores, le ayudará a que resulten (casi) injustificados.
Finalmente, hay que tener prevista la inexcusable visita que el niño hará a su madre y al recién nacido en el hospital, y sobre todo, organizar su vida durante los días en que se va a faltar de casa, pues no es un buen comienzo que el hecho del nacimiento, además de temores, ocasione daños reales y el hermano se vea desatendido, incluso físicamente. Para más tarde, y teniendo en cuenta lo absorbente que es el cuidado de un bebé, puede ser útil tener preparados algunos juegos que sólo se le darán para que se entretenga cuando el bebé requiera toda la atención de su madre (alimentación, baño...). Conviene planificar el tiempo para poder dedicarle algún rato en exclusiva, aunque no sea a diario, y no por evitar los celos, sino porque realmente lo necesita.

Consejos para prevenir los celos

  • Fomentar su independencia
  • Emplear más premios y estímulos que castigos y amenazas
  • Anunciarle la llegada del hermanito como un regalo
  • Explicarle los cambios que se van a producir
  • Advertirle de que sentir celos es normal
  • Organizar su cuidado para los días de estancia en la maternidad
  • Prepararse para poder dedicarle algún rato en exclusiva
Fuente: http://www.consumer.es
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